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lunes, 12 de febrero de 2007

Los ojos negros


Esta canción de corro es como las que habéis mencionado anteriormente, con niñas (los niños en mi cole no existían porque era femenino) en dos filas y una niña en el centro, en jarras y moviendo la cintura delante de la que pillara según la letra que va entre comillas:

Han puesto una librería
"con los libros muy baratos
con los libros muy baratos"
y un letrero que dice
"aquí se vende barato
aquí se vende barato".
María dame la capa
"que me voy a torear
que me voy a torear"
a mí no me mata el toro
"ni tampoco los toreros
ni tampoco los toreros"
a mí me mata una niña
"que tenga los ojos negros
que tenga los ojos negros"
y tú los tienes azules
"y por eso no te quiero
y por eso no te quiero".

Como puedes ver los ojos negros son los llevados al "summum" de la perfección, pero vamos, que los marrones como los míos también valen.
Saludos a los jóvenes de cuarenta y....

miércoles, 24 de enero de 2007

Otra de canciones femeninas


Otra de canciones femeninas con algún que otro chico que se apuntaba a nuestros juegos. Se hacían dos filas enfrentadas . La protagonista saltaba a lo largo de esa "calle" con las manos en la cintura y se paraba, según la letra de la canción, delante de otra chica que la sustituía:

La chata Merenguela
güi, güi, güi
como es tan fina,
trico trico trí
como es tan fina lairón
lairón, lairón lairón

Se pinta los colores
güi, güi, güi
con gasolina
trico trico trí
con gasolina lairón
lairón, lairón lairón

y su madre le dice
güi, güi, güi
quítate eso
trico trico trí
quítate eso lairón
lairón, lairón lairón

¿Por dónde vas a misa
güi, güi, güi
que no te veo
trico trico trí
que no te veo, lairón
lairón, lairón lairón?

Por un camino nuevo
güi, güi, güi
que han hecho ahora
trico trico trí
que ahora lo han hecho
lairón, lairón, lairón, lairón.

No tenía desperdicio la canción cuando al final, la Chata sabe escaquearse y vive a su aire huyendo del "camino oficial para ir a misa" a pesar del control que pretende hacer su madre.

jueves, 18 de enero de 2007

Chocolate con pringá


Cuando leía el corrillo de "la canción del moro" me venían a la memoria aquellos otros en que las niñas cantaban una canción con la que, inocentemente, pregonaban, a su entorno inmediato, el nombre del chico que les "gustaba". Las niñas cantoras, llevando el ritmo con sus palmas, formaban una pasillo que la protagonista recorría una y otra vez con los brazos en jarra mientras movía las caderas a ritmo de la letra siguiente:


"La señorita "Pepi" (nombre),
que qué herida está,
se va a morir de pena
de tanto llorar.
Si llora por "Antonio" (nombre)
"Antonio" no la quiere,
la señorita "Pepi"
de pena se muere.

A "Pepi" le vamos a dar
chocolate con pringá
y a "Antonio" le daremos
chocolate con veneno


(En este momento la protagonista invitaba a otra chica a tomar su relevo, tomándola del brazo y dando varios "paseíllos" juntas, con un estribillo de letra extraña, cantado rápido y que mi memoria no recurda bien, pero que, aún así, trato de reproducir)


Que salga usted a bailar
que la quiero ver bailar
con los brazos al aire,
con lo bien que lo baila la moza,
bailando sola, sola en el baile.

La señorita "Toñi"...
(y vuelta a empezar comprometiendo al niño correspondiente)"


Está claro que los psiquiatras, en esa época, no tenían demasiado porvenir, que las penas de las adolescentes se curaban con algo tan simple como "chocolate con pringá" que no caba duda es digno de un análisis "bromato - psicológico", mezcla de lo más deseado en la infancia ante la escasez de chucherías y de algo tan sustancioso como la pringá. Se podría patentar en cápsulas, o en caramelos energéticos con claros efectos quitapenas.
Por el contrario, para los rompecorazones, el castigo era fulminante, mezcla de lo deseado y del fatídico veneno (¿para qué enredarse con más tonterías?). ¡Qué crueldad!. Claro que mientras ellas cantaban, los niños jugaban a sus juegos por los alrededores, incordiando de vez en cuando, pero sin perder detalle. No existía el móvil, pero recibían claramente el mensaje...

miércoles, 17 de enero de 2007

Oh, viejo moro


En los recreos de la escuela, las niñas solíamos jugar al corro, al elástico, a la comba o al tejo. Para jugar al corro, nos situábamos en círculo, generalmente cogidas de las manos, quietas mientras una bailaba en el centro, o girando todas al compás de una cancioncilla que todas entonábamos. Canciones y bailes eran muy simples.
Esta canción de corro se cantaba con todas las niñas tocando las palmas, quietas, y en el estribillo la chica que se situaba en el centro se dirigía a otra cualquiera del corro y bailaba con ella, tomando luego su lugar. Se bailaba con las manos en la cintura, moviendo las caderas a un lado y a otro. Lo curioso de esta tonada es la letra, que no tiene pies ni cabeza:
Oh, viejo moro
porqué no te has casado
si te vi enamorando
como los demás.
Dame la mano morena
para lucir la verbena
juntitos los dos.
(hasta aquí bien, pero ahora viene el estribillo)
Bailando la dama-dama (?)
vestido de pollo pera (!!!!!!!)
este cuerpo
saleroso
que vale mucho dinero.
Así, sin rima ni nada. Cuánto tiempo llevaría esta canción rulando de boca en boca, de generación en generación. ¿Cómo sería la letra original? Cuando la cantábamos todavía había pollos-pera, al menos en los sainetes, pero ninguna sabíamos que era la dama-dama ni porqué no se había casado el moro (por lo menos con una, que todas sabíamos que podían casarse hasta con cuatro) ni de quién era el cuerpo saleroso ni si el moro había llegado en patera o a Marbella, forrado de billetes.